El móvil ya es historia

Si amigos míos, nos ha costado una década conseguir que todo el mundo tenga un teléfono inteligente y lo use, pero estamos tocando techo, esto se acaba, comenzamos una nueva era en la que llevar un teléfono en la oreja estará hasta mal visto.

Todo el mundo adora su smartphone, ya nadie podría vivir sin él, se nota porque vivimos pegado a él sin perderlo de vista un segundo y parece ser la salvación y la solución a todos nuestros problemas. Pero si lo miramos desde otra perspectiva es un poco cutre reducir toda nuestra vida a una pantallita que cabe en cualquier bolsillo o bolso.

¿A dónde quiero llegar? Fácil, el smartphone es un producto caro, difícil de usar, complejo de fabricar y demasiado adictivo.

Remontémonos a sus orígenes, Steve Jobs inventó el primer smartphone y lo llamó iPhone. Un par de años después él mismo confesó que había inventado primero el iPad y que luego redujo su tamaño y le añadió una interface para realizar llamadas. También llegó a un acuerdo con distintas operadoras de telefonía y lo vendió a bajo precio con permanencia y el bloqueo del mismo. Eran otros tiempos, estábamos acostumbrados a depender de las compañías para todo. Ahora hay mucha más competencia y libertad, los teléfonos se venden libres y en algunos casos, como el mío, apenas usamos las llamadas convencionales salvo para una urgencia.

¿Entonces para qué queremos un smartphone? Ahora lo queremos para comunicarnos con mensajes, publicaciones en redes sociales, fotos, vídeos y emojis. Estamos online todo el día, participamos en redes sociales, pertenecemos a grupos de What’sApp e incluso hacemos nuestros pinitos con la cámara. La ventaja esencial de un smartphone sobre el resto de dispositivos, es su autonomía de conexión, el tamaño que tiene, su capacidad para realizar llamadas y que es la mejor cámara compacta que nos podemos echar en el bolsillo.

Imaginemos que Apple deja de fabricar el iPhone. Para estar comunicados recurriríamos a un iPad 4G, con el que podríamos realizar llamadas a través de Internet, hacer fotos con la cámara y hacer el resto de cosas que ya hacemos a través de internet. Sería igual que el iPhone pero con una pantalla más grande con la que podríamos ver todo mucho mejor, tendría una batería con 10 horas de autonomía, costaría menos fabricarlo y por consiguiente su precio seguiría siendo la mitad de lo que cuesta un iPhone. Otra ventaja sería no estar obligado a contratar los servicios de una operadora y a lo sumo solo usaríamos tarifas de datos ¡adiós a las llamadas y sms! Porque si amigos míos, ya todo el mundo tiene What’sApp y lo usa hasta para el trabajo, cada vez usamos menos las llamadas convencionales, y en la mayoría de los casos estas se realizan a través de Internet por la misma compañía, sin darnos cuenta.

Si además existiera un Apple Watch con acceso a internet y GPS y este se pudiera conectar a un iPad, Mac o lo que sea… Podríamos usar nuestro reloj como punto de acceso a la red y toma de datos (localización, ritmo cardiaco, pasos, altitud, humedad, etc) el iPad sería nuestro nuevo iPhone e incluso Apple podría lanzar un tamaño más pequeño, quizás 6 pulgadas… No se.

Todo está por llegar, y si os soy sincero apenas siento la necesidad de cambiar mi iPhone 5s por uno nuevo porque me aporta perfectamente lo que necesito: punto de acceso a internet, una cámara de fotos estupenda, y soporte para el Apple Watch. Si quiero una pantalla más grande uso mi iPad Mini y si quiero gráfica y potencia para jugar uso el Apple TV 4. Si en algún momento quisiera mas pantalla o potencia para trabajar optaría por un iPad Pro. Dicho esto y repito, el iPhone y como ya he mencionado más de una vez, el iPod y el Mac también, están muertos, fiambres, extinguidos.

Bienvenido sea el iPad, el Apple Watch y el Apple TV.

Publicado por

Jorge Mingorance Sánchez

Usuario Mac desde 2001, apasionado a la tecnología y auténtico fanboy de Apple.